Ajedrez Cómo Entrenamiento Mental Y Cómo Mejorar En Él

La práctica de este noble juego no está de ninguna manera influenciada  por algún elemento del azar, exceptuando aquel de las disposiciones temporales individuales, el cual después de todo forja un elemento de experiencia, cuyo resultado en las competiciones de ajedrez se basa en estrictos fundamentos lógicos y científicos. Ambos jugadores disponen de posiciones iniciales equilibradas perfectamente, en cuanto a sus fuerzas y respectivos poderes, y las mismas reglas conducen sus movimientos u acciones. Por lo tanto, se trata en esencia de una batalla sobre cualidades racionales, que su infinita variedad de combinaciones posibles al jugarlo permite lograr amplios alcances para la ejercitación, y en consecuencia, el entrenamiento de las facultades lógicas e imaginativas de la mente.

Desde la introducción del ajedrez en las naciones civilizadas, un gran número de los principales pensadores, guerreros y políticos han sido atraídos a él, y algunos de ellos le han dedicado tanta atención a su estudio y práctica cómo al cultivo del arte y la literatura. En esta época el ajedrez se ha vuelto cada vez más popular entre las personas inteligentes de todos los países, y está considerado un ejercicio mental saludable, cuyos efectos en el intelecto es semejante al de la gimnasia física para el desarrollo y conservación de la fuerza corporal. Además, el cultivo de este juego parece también influir directamente sobre la condición física de los ajedrecistas y la prolongación de sus vidas, al ser que los más célebres maestros del ajedrez y autores del juego han alcanzado una edad muy avanzada, preservando sus poderes mentales a la perfección incluso hasta sus últimos momentos.

Esto no puede ser una mera coincidencia, e, incongruente cómo pueda parecer la conexión de longevidad al estudio y práctica del ajedrez, dicha conclusión es lógica en base a la experiencia de las áreas científicas.

Es natural que sólo personajes dotados con habilidades intelectuales favorecen un juego que ejercita las más elevadas cualidades mentales, de manera similar cómo aquellas personas con gran fuerza física son atraídas por actividades y diversiones que desarrollan y mantienen su estado corporal. Una vez que un jugador de ajedrez se inicia en los elementos del juego, adquiere una grandiosa cantidad de entretenimiento y diversión, y un espíritu saludable que estimula su anhelo por mejorar en su noble actividad. Entonces, aprende que cualquier hábito perjudicial para la salud en general también perjudica la capacidad para desempeñarse adecuadamente cómo jugador, y que los hábitos que son dañinos para la buena condición física deben rectificarse con rigor para no deteriorar su juego. Sobre la antigua máxima, “mens sana in corpora sana”, se puede asumir entonces que cómo regla general, los devotos ardientes del ajedrez deben ser gente inteligente, de orden saludable, pues cómo su práctica conduce a hábitos beneficiosos para la preservación de una buena salud, ello influirá grandemente en la prolongación de su vida.

Algunos de los mejores pensadores han hablado en los términos más elevados sobre el juego de ajedrez cómo una prueba de gran capacidad intelectual, y algunas de las más grandes celebridades de diferentes países se han referido a él en sus declaraciones. Goethe, respaldando la opinión del filósofo francés Diderot lo describe cómo la “piedra angular del cerebro humano”. El príncipe Bismarck, en desprecio de la habilidad retórica, enfatizó que “los grandes oradores, en general, no saben jugar al ajedrez ni al whist”, lo que demuestra que este preeminente hombre de estado pensaba con mayor estima de la capacidad para los juegos del intelecto cómo una señal de perspicacia que la simple facultad de oratoria. El presidente Grevy de Francia era un gran promocionador del juego, y durante su período presidencial ofrecía premios de los fondos públicos para los torneos nacionales e internacionales acontecidos en Francia. Buckle, el autor de “La Historia de la Civilización”, fue uno de los mejores ajedrecistas de su era. Leibnitz, Voltaire, Lessing, Mendelssohn, Alfred de Musset, Federico el Grande, Napoleón I, y William I, fueron practicantes del juego y la mayoría de estos personajes célebres se conoce que obtuvieron gran destreza cómo jugadores.

Muchos frescos talentos se han dado a conocer a través de las competiciones públicas, quienes han desarrollado novedosas ideas, teóricas y prácticas, que ayudan a los estudiantes del juego a vencer las principales dificultades en conquistar sus intrincaciones.

Estas dificultades eran, en los días postreros, consideradas insuperables, y la prolijidad en el “arte de la razón”, cómo el Duque Augusto de Brunswick llamó al ajedrez, se entendía cómo el privilegio de unos pocos. Pero la innegable experiencia ha mostrado que la prominencia y excelencia en ajedrez puede adquirirse de manera semejante a cómo se puede obtener destreza en otras actividades que requieren atención mental, y que con un apropiado entrenamiento y estudio, la gran mayoría de aprendices pueden mejorar su ajedrez a un grado muy elevado, incluso a la maestría.

A primera vista la infinita variedad de combinaciones que son posibles en el tablero de juego puede parecer un obstáculo desalentador en el camino para lograr el éxito en el ajedrez. Pero debe recordarse que así cómo hay una infinidad, desde la perspectiva matemática, en el arte de la música, el talento para ésta disciplina también se puede cultivar y extender a través del estudio y la práctica. Lo cual es aplicable para el ajedrez, cuya adquisición de conocimiento se puede facilitar para la humanidad, más de lo que ya es posible, si se adoptasen métodos racionales de entrenamiento.

Algo que se urge al estudiante para un rápido progreso es la constancia de su estudio y práctica. El jugador irregular escasamente puede mejorar, y es mucho mejor que se le dedique al ajedrez una hora por seis días consecutivos que seis horas un día de la semana. Con el fin de reforzar la destreza de la percepción ajedrecística y su memoria, un buen hábito a cultivar es el de analizar su propia colección de juegos, y mejor aún, los juegos profesionales publicados y comentados en la literatura ajedrecística.

Lo que debe ejercitarse primordialmente es la facultad de precisión con el estudio de problemas. Mientras que en el desarrollo del juego el proceso de la victoria se puede abarcar en distintas maneras, a menudo se requiere la mejor exactitud de cálculo para asegurarse de que un plan funcione en juego, y el estudio de composiciones dónde el máximo potencial de las fuerzas tiene que ser empleado en el mínimo gasto de jugadas es un espléndido entrenamiento para tal propósito. Algunos de los mejores jugadores, Morphy, Anderssen, Blackburne, etc., han dedicado gran atención a este asunto, que ha crecido hasta ser casi un arte independiente, y es especialmente notable que un estilo más brillante es adquirido por los maestros que combinan la práctica del juego con la resolución de problemas, pues las variadas posiciones de jaque mate que tratan los acertijos, guían a la concepción de ideas similares durante el juego. Pero es particularmente destacable que, a pesar de ser bueno que el estudiante intente resolver ejercicios tácticos, esto no es en absoluto indispensable para obtener un gran beneficio de aquella rama del ajedrez. Un principiante puede considerar más instructivo y entretenido comparar sobre el tablero las composiciones, con sus respectivas soluciones, de cualquier colección de ejercicios de primera categoría, o de los periódicos dónde usualmente se publican las soluciones completas en el número posterior al que presentó el problema original. Los estudiantes más avanzados pueden, de forma similar, asistirse con la jugada clave de un ejercicio de más de dos movimientos, pero todas las variantes deben ser descubiertas y jugadas con cuidado por su cuenta. De aquella manera, y dado que esto sea realizado con regularidad, de tres a cuatro ejercicios por día, el estudiante pronto se familiarizará con las ideas preponderantes en los problemas más difíciles, y después de cierta práctica podrá resolverlos a simple vista desde el diagrama.

Wilhem Steinitz, 1889.

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Hoy en día las investigaciones dan respaldo al criterio visionario de Steinitz confirmando los diversos argumentos que su obra perfiló, pues se reporta que jugar ajedrez, dado por supuesto que su práctica no se torne obsesiva, equilibra y potencia las cualidades cognitivas-emocionales involucradas en los procesos de planificación, organización, resolución de problemas, concentración, memoria, capacidad visual-espacial y auto-control. Sabiendo esto, no es sorpresa que Rusia, por ejemplo, haya proclamado al ajedrez cómo su deporte nacional a comienzos del siglo veinte y su sistema educativo lo haya implementado en el pensum de estudio básico, algo que otras naciones cómo España y Estados Unidos han aplicado exitosamente debido al aporte de madurez mental que otorga hacia la juventud en formación, y aún más allá de la juventud, se ha mostrado que jugarlo en edades avanzadas también ejerce un beneficio que previene el deterioro de trastornos de la salud cómo el alzhéimer, dolencias cardíacas y estados de ansiedad.

Según el método explicado por Steinitz, lo mejor para desarrollar la destreza en el juego es la práctica de visualización en ejercicios de táctica, por ello, sírvanse cómo introducción a la resolución de problemas los siguientes ejercicios con sus respuestas al final de los diagramas.

 

Mate en 1 – Juegan blancas

Mate en 1, Juegan Blancas.jpg

 

Mate en 2 – Juegan negrasMate en 2, Juegan Negras.jpg

 

Mate en 3 – Juegan blancasMate en 3, Juegan Blancas.jpg

 

Mate en 4 – Juegan negrasMate en 4, Juegan Negras.jpg

 

Soluciones

numero-uno-en-un-circulo  1.Td8#

numero-dos-en-un-circulo  1….Dxh3!!;  2.gxh3 Cf2# (2.Rg1 Dxg2#)

numero-tres-en-un-circulo  1.Ch5+!! Txh5;  2.Txg6+!! Rxg6;  3.Te6#

numero-cuatro-en-boton-circular  1….Cc4;  2.Rd1□ Rf2!!;  3.Rc1□ Cb3+;  4.Rd1□ Cb2# (…Ce3#)

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